Conversaciones de café: Caminos 2.0

22 Agosto 2008 – 11:23

Muy a menudo, desde que empecé a escribir en el presente blog, mis amigos se me han acercado para preguntarme sobre lo que significa web 2.0

Acostumbrados a años de bombardeo de siglas, han desarrollado un cierto automatismo hacia la identificación de estas con productos, tecnologías o metodologías específicos y concretos. El que a una tendencia social se le pongan este tipo de identificadores les resulta, cuanto menos, confuso.

Superado ese primer obstáculo queda uno mucho más difícil, el de contestar a la pregunta de: Y yo, ¿como puedo sacar provecho de esto?

La dificultad radica en lo que me he permitido llamar “La supresión de la intencionalidad”. La supresión de la intencionalidad consiste precisamente en que, para obtener beneficios de la red social, hay que realizar un acercamiento muy humilde en el que debemos apartar de lado por completo nuestros prejuicios (normalmente años y años de experiencia y acumulación de valiosos conocimientos) y estar dispuestos a dejar fluir libremente el pensamiento y las ideas.

Este enfoque, un tanto Zen, es más fácil de explicar -y de entender- mediante una fabula que con cualquier otro recurso a mi alcance. Precisamente, el otro día, sin venir a cuento alguien me recordó una historia que viene como anillo al dedo: Los caminos de mi universidad.

Así como muchos han tenido el privilegio de estudiar en universidades de dilatada tradición, otros como yo hemos tenido el de vivir el proyecto de desarrollo de una de estas casas de estudios.

Así es. Cuando yo ingresé en mi alma mater la mayoría de las clases se dictaban en edificios de corte provisional mientras asistíamos a la construcción de las modernas edificaciones que servirían de aulas, laboratorios, salas de estudio y trabajo, comedores, bibliotecas, zonas de esparcimiento, etc.

Cuenta la leyenda que en aquellos días el rector se negó a aprobar la construcción de los caminos que servirían para transitar entre las diferentes edificaciones. la razón que esgrimió -siempre según la susodicha leyenda- era que estaba cansado de ver como la gente hacía caso omiso a las vías existentes para lanzarse a campo traviesa. En lugar de proyectar de la forma tradicional las rutas de comunicación peatonal, el rector propuso dejar en barbecho los terrenos que separaban los diferentes destinos y observar que pasaba a continuación.

Al poco de eso, ya se podían observar como iban apareciendo senderos claramente marcados en tierra desnuda entre las malas hierbas que surgían espontáneamente en el erial. Era el momento de hacer los caminos y ajardinar.

Ignoro si la leyenda es cierta o no. Lo que si es real es que en mi universidad los caminos entre edificaciones siempre se dejaban para el final y que -casual o deliberadamente- estos caminos siempre se trazaron siguiendo las rutas que los propios estudiantes (los usuarios al fin y al cabo) marcaron de inicio.

El resultado es que en mi universidad los caminos peatonales se usan y muy pocas personas maltratan la hierba de los jardines para ir de un sitio al otro. Todos contentos.

Pues bien, así se puede sacar provecho (al menos de una forma) a la web 2.0:

  1. Crear un entorno en el que los usuarios quieran o necesiten estar
  2. Dotar a los usuarios de herramientas “naturales” con las cuales configuren las respuestas a sus propias necesidades
  3. Tenga paciencia para dejar madurar los resultados
  4. Mejore el entorno en función del comportamiento de los usuarios

Fácil ¿no?… pues no, no es tan fácil de hacer como de decir

  1. Un comentario

  2. Muy bueno este post.

    Por Fran el 27 Ago 2008

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